La regla del 10-50-10-30 del Socorrista Acuático

Hace unas semanas os hablé en el vídeo “El Socorrista descansa en el agua” de la regla del 10-50-10-30 en socorrismo acuático. Hoy quiero profundizar con vosotros en este artículo en qué consiste esta técnica y porqué le he puesto este curioso nombre. Yo no soy científico, soy socorrista. Por ello no vas a encontrar esta regla en ningún manual anterior a esta publicación, pero estoy seguro de que interiorizar este concepto puede ayudarte mucho en la dosificación de tu energía en un rescate y con ello una segura gestión del estrés en la intervención. Podríamos hacer un estudio y calcular porcentajes mejores, pero mi mayor objetivo es que estos números sean la contraseña para que nunca más vuelvas a quedarte a medias en un rescate.

Como profesor de salvamento, mi sistema de trabajo consiste en aplicar siempre la psicología en la técnica, por lo que verás que recurro a muchas nomenclaturas en mis publicaciones que no existen actualmente en manuales de socorrismo, siendo mi intención que los recuerdes en situaciones de estrés para que avances sin bloquearte y ejecutes la operación con éxito.

¿Qué es la regla del 10-50-10-30 del socorrista acuático?

Bueno, vamos a desglosar esta técnica de intervención, pero antes vamos a analizar una situación que vemos mucho en socorristas…

Un socorrista identifica un problema en el agua o es requerido por radio para acudir a un rescate. Aquí se produce el primer pico de adrenalina, que explota desde una fase de reposo a una fase de reacción. Este pico es peligroso y nos puede hacer tomar malas decisiones. ¿Por qué ocurre esto?

En esta primera fase de alerta NO TENEMOS INFORMACIÓN COMPLETA DE LA SITUACIÓN, así, sin más. Si somos nosotros los que hemos presenciado el problema en el agua, nuestro pico de adrenalina estalla porqué identificamos una persona en peligro en un punto que nosotros sabemos que es de riesgo, pero no conocemos los antecedentes de esa persona y sobre todo cuanto tiempo tenemos hasta que lleguemos a ella. ¿Podrá aguantar hasta que lleguemos? ¿Se cansará y se hundirá? Uy, es una persona mayor, ¿le dará un ataque al corazón y se hundirá? ¿O le está dando ya ese ataque? Estas preguntas empiezan a aparecer en milésimas de segundo, pero la explosión fuerte en nuestra cabeza se produce cuando estas preguntas colisionan contra nuestras obligaciones; Debo comunicar a mis compañeros que hay una urgencia, debo colocarme el equipo, debo correr, ¿me coloco el equipo antes de correr o después?. No pasa nada, que hay más, ya que los fuegos artificiales llegan cuando no solo eres tú consciente de que hay un problema, sino que los bañistas colindantes te empiezan a gritar señalando al mar; ¡Eh!¡Eh!¡Socorrista!¡Pero tírate ya! ¡Tírate ya!!!

El mismo pico de adrenalina se produce si escuchas por radio la alerta emitida por un compañero. Quizás estés sentado en la base o atendiendo una cura, cuando alguien canta ¡Socorrista al agua! ¡Socorrista al agua! Y sales de la base escopetado con tu equipo hacia ninguna parte, con unas pulsaciones que rebotan descoordinadas con tus zancadas sobre la arena.

Estas dos situaciones corresponden a la primera fase o fase de ALERTA y son en mi opinión las más peligrosas y determinantes a la hora de afrontar una operación de salvamento de una forma exitosa o desastrosa.

FASE UNO. No corras al 100%, corre al 10%

Cuando corro al 100% estoy lanzando una carta al azar sin tener ni idea de jugar al póker. Cuando lanzo esta carta estoy confiando solamente en mí y no estoy respetando las situaciones que puede proponerme el mar, estoy dando por hecho que yo puedo con todo y que soy un pitbull que solo atiende al grito de su amo. Cuando corro al 100% estoy actuando con ira y esa ira no es más que inseguridad. Es decir, esto es todo lo que tengo, soy fuerte y corro porqué me han entrenado así, voy a ir al punto B con los ojos en fuego y voy a volver al mismo 100% porqué soy un portento físico, no me pidas otra cosa, porqué si el plan cambia tendrás que llamar a alguien, yo solo atiendo a órdenes exactas y no tengo espacio para adaptarme a nada más. Estas carreras al 100% siempre acaban mal, ya sea antes de llegar a la víctima o cuando los bañistas te están ayudando a salir con una cadena humana que han visto que la estabais liando.

Cuando corro al 10% estoy invirtiendo en el futuro de la intervención. He recibido la alerta y empiezo a correr hacia la zona, tampoco me desplazo dormido, pero sí dejo que las pulsaciones que me genera la adrenalina me dejen respirar y pensar qué es lo que está ocurriendo, sin necesidad de tener que comerme una sombrilla o destrozar el castillo de arena de un niño. Esta carrera me permite coordinarme con mis compañeros, puedo hablar con torre para confirmar la situación y que me explique donde está mi compañero y donde está la víctima, puedo analizar con seguridad la zona de entrada para aprovechar en mi favor la corriente y llegar antes, puedo enfrentarme a las olas sin tragar agua, puedo apoyar al compañero en el contacto y tengo capacidad más que suficiente para observar la situación y tomar decisiones de seguridad acertadas. De esta forma te acabo de introducir también la cifra 50.

FASE DOS. 50

50 es esa entrada con estrategia en el agua en la que no empiezas a nadar hasta que el agua no te saluda en la cintura, esa correcta gestión de la respiración cada vez que cruzas una ola por debajo porqué no hay más remedio si no quieres comértela, esa mirada focalizada hacia el problema a través del crol de salvamento (déjate de nadar mirando al fondo para cuando entrenes en la piscina en Invierno), esa disminución de la velocidad a unos metros de seguridad de la víctima para acercarte lentamente analizando la situación y acercar el material. Como ves, este 50 se merece potencia y resistencia, siendo para mí el momento álgido de la competición, pero la competición por la vida de una persona que te necesita, este es el preciso momento para poner a prueba tu entrenamiento, una vez entras en el agua ya no hay marcha atrás, solo tienes la obligación de llegar.

FASE TRES. Otro 10

Ahora entra en juego otro 10%. Tómatelo como una vía de servicio, una parada de boxes para repostar. Simplemente habla con la víctima, habla con tu compañero, mirad alrededor y buscad un lugar seguro DENTRO DEL AGUA, desplazaros 3, 4 o 25 metros, lo que sea necesario, remolcad a la víctima hacia ese lugar seguro donde podáis descansar y planead una estrategia de salida los tres. Esto es igualmente válido para que la moto o embarcación de rescate os recojan en la zona segura que vosotros facilitéis, ¿O acaso pensamos todavía que una embarcación va a veniros a buscar en el ojo del huracán? Si no me crees busca en YouTube algo así como moto de agua destrozada contra las rocas, hay varias opciones de vídeos que recomiendo desde el concepto del aprendizaje y con el mayor respeto a las situaciones que podáis visualizar.

FASE CUATRO. 30 Final

Cerramos el artículo con el 30% final. Esta es la fase de evacuación. Escojo el número 30 porqué todos aquí sabemos que un escape a tierra con víctima desde el agua es compleja y nos pilla ya un poco cansados. Estar cansados es normal, pero nos encontraremos mejor si hemos aplicado las fases 10-50-10 previamente y nos disponemos a regresar. La gestión de este 30 es crucial y no debemos infravalorarlo respecto a las fases anteriores. Aquí nos evitamos cadenas humanas de bañistas, embarcaciones volcadas y numeritos que ama la prensa para llenar sus parrillas televisivas de Verano, aunque bueno, ahora las redes sociales y los móviles lo aceleran y triplican todo en menos tiempo, así que mejor seamos técnicos en nuestra operación de salvamento y no la caguemos.

 Es hora de avanzar por el recorrido pautado en equipo, es momento de seguir tranquilizando a la víctima con una sonrisa de oreja a oreja haciéndole ver que hacemos esto todos los días aunque no sea del todo cierto, esto ayuda a que colabore con nosotros en el desplazamiento a tierra pues, víctima que confía es bañista que nos ayuda. Este 30% debe de ser constante, pero nunca explosivo, piensa que pueden haber complicaciones de camino, como es volver al punto de inicio por la corriente o nueva crisis de la víctima en un momento dado. Esto tenemos que tomárnoslo como parte de nuestro trabajo y ser conscientes de que nos va a llevar un poco más de tiempo, pero vamos a salir, por algo somos nosotros los profesionales, que no se te olvide nunca esto. Vuelve a tu 30% despacito y con buena letra y, si el mar te lo permite, empieza a recuperar poco a poco aunque todavía te encuentres en la operación. Piensa que una vez salgas, no sabes lo que vas a tardar en volver a entrar y el día es largo.

Eso sí, si vas a estar entrando en el mismo sitio todo el día algo falla, sectoriza cabrón y haz prevención.

Un abrazo y a seguir dando caña 😉

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